viernes 17 de abril de 2009
Los habitantes de Raven City habían pasado la noche sin luz. Por eso la gente salió a la calle y se dirigió a sus trabajos y obligaciones con especial entusiasmo. Por fin, algo volvía a iluminar sus vidas.
Y ese entusiasmo fue aún mayor cuando vieron una figura en el aire que se desplazaba a toda velocidad, atravesando como un rayo el cielo de la ciudad.
Las pocas personas que no conocían la existencia de Quinox preguntaron extrañados que era aquello. El resto, alzó la mirada y lanzó un grito al aire.
-¡Quinox! –llamaban.
Algunos, incluso le agradecieron a voces que les librara de Caos. Pero Quinox no contestó. Se limitó, simplemente, a atravesar la ciudad desde las alturas y se dirigió hacia el norte.
Tom observaba la ciudad desde el cielo. Pasaba muy rápido debajo de él, pero podía ver a la gente alzando las manos en su dirección, e incluso había llegado escuchar su nombre en algún momento. Volaba lo suficientemente alto como para que no le reconocieran aunque ya no hacía falta. Todo el mundo conocía la existencia de Quinox, pero no les iba a decir quien era.
Había dejado a Jenny en su casa u poco bruscamente. Odiaba tener que hacer eso la primera vez que pasaban la noche juntos pero no tenía otra opción. La imagen de Frankie en la foto le había hecho plantearse muchas cosas. Intuía de algún modo que su padre tenía algo que ver con sus poderes, e incluso con Caos. Pero no habría sospechado para nada de Frankie. El hecho de que su maestro conociera a su padre le hacia suponer a Tom que todo formaba parte de un plan. Que Frankie no lo había rescatado de ahogarse por pura casualidad. Pero esperaba equivocarse.
A lo lejos, vio por fin la pequeña casita de madera que era el hogar de Frankie. Lentamente, comenzó a descender.
Lo encontró partiendo leña, como el día que lo vio por primera vez, un mes antes. El hombre lanzó una sonrisa al verle.
-¡Tom! –exclamó. –No esperaba verte tan pronto aquí.
-Tenía que hablar contigo –repuso el muchacho secamente.
Frankie frunció el entrecejo, visiblemente preocupado, y le lanzó una mirada. Una mirada que a Tom se le antojó de culpabilidad.
«Dios mío», pensó Tom. «Realmente parece saber algo».
-¿Qué pasa? –preguntó el hombre un tanto azorado.
Tom lanzó al suelo el álbum de fotos que había tenido en la mano durante todo el viaje. Una vez a los pies de Frankie lo abrió con la mente. El álbum mostró la foto de su padre con el hombre.
Frankie la observó un momento visiblemente preocupado y levantó la mirada hacia Tom.
-Deberías entrar –suspiró el hombre. –Tenemos que hablar.
-Supongo que debí habértelo dicho en su momento –decía Frankie mientras servía en la mesa dos tazas de café. –Pero no podía.
Tom se inclinó sobre la silla cuando Frankie puso la taza de café frente a él pero ni siquiera la tocó.
-¿El que debiste haberme contado, Frankie? –preguntó el chico, impaciente. -¿Y por qué no podías decirmelo?
-Será mejor que vayamos por partes. Ponte cómodo –Frankie se arrellanó en la silla y cogió su taza de café. –Todo empezó hace dieciocho años –comenzó después de beber un poco. –Tu padre había contraído cáncer y eso, como es lógico, le destrozo. Yo trabajaba con él en un pequeño laboratorio de Raven City y, sinceramente, también me afectó –suspiró presa de una repentina tristeza. –Tu padre era mi mejor amigo.
-Conozco ese laboratorio –comentó Tom, intentando apartar los recuerdos de Frankie. –He estado allí.
-Estará destrozado ¿no?
-No sabes cuanto –repuso Tom con una sonrisa.
Frankie le respondió sonriendo también y continuó:
-El caso es que desde el día que supimos que tu padre estaba enfermo los dos nos pusimos a trabajar día y noche en encontrar una cura. Pero nos equivocamos –dijo sacudiendo la cabeza. –No encontramos precisamente una cura. Creamos sin querer un virus. Un virus que nosotros creíamos que iba a ser la salvación y resultó ser nuestra perdición.
«Caos», pensó Tom, atando cabos.
-El virus evolucionaba rápidamente –continuaba Frankie. –Y además era indestructible. Lo intentamos todo pero nada lo hacía desaparecer porque tenía la habilidad de cambiar su densidad de forma que cualquier cosa le atravesaba y ningún antivirus o vacuna era capaz de destruirlo. Finalmente decidimos esconderlo en un lugar seguro. Construimos secretamente una especie de bunker en una explanada poco transitada de la ciudad y allí metimos al virus, en el interior de una capsula de cristal. Había evolucionado un poco más y se había hecho más grande. Los dos temíamos que creciera demasiado y fuera peligroso, pero no podíamos hacer nada y decidimos dejarlo por el momento. De todas formas, aún tardaría en crecer. Habíamos retrasado la búsqueda de la cura para el cáncer. Los dos acordamos buscar una solución a lo del virus cuando consiguiéramos nuestro objetivo.
Frankie hizo una pausa y perdió la mirada en el infinito, sin duda, triste por tener que rememorar aquellos momentos.
-¿Qué sucedió después? –preguntó Tom suavemente, intentando devolver al hombre al hilo de la historia.
-Entonces llegó él –dijo apretando los dientes, como si se enfadara al recordarlo. –Necesitábamos un ayudante. A tu padre no le quedaba mucho tiempo y debíamos darnos prisa. Así que contratamos a un muchacho. Era aplicado y trabajador y avanzamos mucho gracias a su ayuda. Pero su intención no era encontrar una cura para el cáncer. En secreto había estado investigando por su cuenta otra cosa… y lo logró.
-¿Qué era? –preguntó Tom impaciente, aunque, no sabía por qué, ya intuía la respuesta.
-Buscaba una manera de alterar el ADN de la gente para…
-Adquirir superpoderes –completó Tom.
Frankie asintió con la cabeza.
-Sí. Y eso no es todo. Descubrió el virus una vez que siguió a tu padre al pequeño bunker en el que lo teníamos encerrado y decidió usarlo para su propio beneficio.
-¿Por qué? ¿Para qué podía servirle?
-Nos lo ocultó todo –Frankie no escuchó o no quiso contestar la pregunta de Tom. –Tenía un objetivo y nos usó para lograrlo. El problema que tenía la encima que había creado era que modificaba el ADN muy lentamente, con lo cual tendría que esperar mucho tiempo antes de obtener plenamente sus poderes. Así que uso el virus que tu padre y yo habíamos creado.
«Fue todas las noches al bunker a trabajar en el virus. No se exactamente como lo hizo, pero logro darle unas pautas de comportamiento y acelerar su evolución. Tu padre lo descubrió. Descubrió todo lo que planeaba y supo que tenía que darle una solución.
Frankie miró entonces a Tom con cara de culpabilidad.
-La solución fuiste tú, Tom.
Tom frunció el entrecejo, pero no dijo nada.
-Tu padre –continuó Frankie -le robó furtivamente una muestra de su enzima y te la inyectó, para que pudieras enfrentarte a él llegado el momento. Por eso, tienes esos poderes.
Tom iba a hablar pero Frankie le interrumpió.
-Eso no es todo, Tom –dijo. –Tu padre descubrió algo más. El plan del muchacho era fingir su propia muerte y esconderse en algún sitio, aislado del mundo para desarrollar sus poderes al máximo, con tranquilidad. Para eso le dio las pautas de comportamiento al virus. Cuando terminara de evolucionar se convertiría en una criatura inteligente, con conocimiento de sí misma, que le rescataría del lugar en el que se habría recluido.
A la mente de Tom llegaron las imágenes de Caos en la central eléctrica. Recordaba haber pensado que parecía estar buscando algo. Ahora sabía lo que buscaba.
-Tu padre –continuó Frankie –pensó que lo mejor sería que destruyeras a la criatura en la que se convertiría el virus, pero no podrías hacerlo. El virus cambiaba su densidad y aunque tuvieras superfuerza no podrías golpearle. Así que cogió una muestra muy pequeña del virus y te la inyectó. Eso te daría tambien la habilidad de cambiar tu densidad y no sería perjudicial para tí. Al menos eso esperaba él.
Tom sintió un escalofrío y se levanto de golpe.
-¿Qué? –preguntó sin dar crédito a lo que oía. –¿Me inyectasteis el virus?
-Era la única manera, Tom. Debías detener a ese hombre. Y lo mejor era que destruyeras a la criatura para que no pudiera sacarle de su cárcel auto impuesta. Tienes que comprenderlo.
-Pues no lo entiendo –susurró Tom, un poco más tranquilo. –Sigue. ¿Qué pintas tú en toda esta historia?
-Tu padre me lo contó todo y me pidió que te ayudara en el futuro. Que te enseñara a usar tus poderes.
-Así que todo esto estaba planeado de antemano ¿verdad? Mi encuentro contigo, mis poderes. Tú ya sabias que podría volar cuando me lo dijiste hace un mes ¿no? Todo ha sido una mentira –entonces cayó en la cuenta de algo. ¿Y Jake? ¿Qué tiene él que ver en todo esto?
-¿Jake? –pregunto Frankie sin saber de que hablaba.
-El tío que me tiró por el puente –explicó Tom. –Gracias a ello tú me encontraste y pudiste entrenarme.
Frankie emitió una leve risita.
-Bueno, eso fue fruto de la casualidad -contestó. -Yo no tenía planeado que sucediera así, pero sucedió. Y era una manera tan buena como otra cualquiera.
Tom miró a Frankie, odiándolo, de repente. Se sentía sucio por tener a Caos corriendo por sus venas. Entonces comprendió por qué su mano se volvía negra, por qué pudo golpear a Caos. Fulminó a Frankie con la mirada.
-Pues ya no tienes que preocuparte –le dijo escupiendo las palabras. –He matado a la criatura. La ciudad está a salvo.
Frankie abrió los ojos de par en par.
-¿Ya lo has hecho? –preguntó sin poder ocultar su sorpresa. -¿Cómo?
-Ahogandolo.
-Entonces no está muerto, Tom –dijo.
Esta vez fue el propio Tom el sorprendido.
-Sólo puedes matarle arrancándole su núcleo, que esta en el pecho –explico Frankie. –Solo así puedes acabar con él.
Tom soltó una maldición. Así que Caos seguía vivo. Se giró para marcharse pero antes, una duda asaltó su mente.
-Por cierto –dijo sin mirar a Frankie. -¿Cómo se llamaba ese hombre?
-Jones –contestó el hombre. -Ryan Jones.
Tom asintió.
-Si es verdad que la criatura no está muerta significa que Jones ha vuelto. Voy a ir a por ellos y los mataré. A los dos. Después de eso no quiero volver a verte.
-Tom, lo siento. Yo… –Frankie intentó disculparse pero Tom lo interrumpió.
-Me usasteis como un conejillo de indias –dijo Tom enfadado. –Manejasteis mi vida a vuestro antojo y la arriesgasteis inyectándome virus y enzimas.
-No te usamos como un conejillo de indias, Tom –se excusó Frankie.
Pero Tom no quiso escucharle. Ni siquiera se giró para despedirse.
-Ahora discúlpame –dijo mientras se elevaba en el aire. –Tengo una ciudad que salvar.
Y se fue. Frankie se quedo en la casa mirando como se alejaba y bajó la mirada, triste.
Pete, “el rompehuesos” observaba el cielo, que poco a poco se cubría de gris presagiando lluvia, desde la ventana de su celda, en la prisión de Raven City. Llevaba ya un año y medio entre rejas por haber matado a varias personas. Y no se arrepentía. Volvería a hacerlo. Normalmente los asesinos negaban sus acciones, intentaban encubrirlas con falsos testimonios de locura. Él no. El disfrutaba matando y así lo había dicho en su juicio. Daría lo que fuera por salir de la carcel y volver a hacerlo. Lo que no sabía es que su deseo estaba a punto de hacerse realidad.
Primero sintió un temblor y luego el sonido de una pared al derrumbarse. Inmediatamente, las sirenas de la prisión comenzaron a sonar ensordecedoramente. Las luces que había instaladas en el techo empezaron a girar rápidamente. Y los pasillos de la cárcel se convirtieron en una vorágine de policías que corrían de un lado para otro.
Pete se levantó de su catre y examinó el exterior. Todo parecía en calma. El problema debía estar al otro lado de la prisión.
-¿Qué sucede? –gritó a uno de los policías que pasaban frente a los barrotes de su celda. El hombre lo ignoró y siguió pasillo abajo hasta perderse por una puerta.
Instantes después la puerta estallaba en pedazos. El rompehuesos se tiró al suelo para protegerse de los escombros que pasaban entre las barras de hierro de su celda. Cuando levantó la vista comprobó que montones de hombres corrían de un lado a otro, más allá de lo que antes había sido la puerta. Comprendió que eran presidiarios. Algo los había liberado.
De repente alguien entró por el hueco. Pero no entró andando. Levitaba a varios centímetros del suelo, deslizandose suavemente por el aire. Voló hasta parar justo frente a su puerta.
-¿Eres Pete, “el rompehuesos”? –preguntó el desconocido secamente.
Pete nunca había sentido miedo. Había peleado como un animal el día que lo apresaron matando a varios agentes durante la pelea. Nunca en su vida se había sentido amedrentado por nada ni por nadie, pero en ese momento sintió una extraña congoja en presencia de ese hombre.
Asintió con la cabeza sin poder dejar de mirar al hombre.
-Entonces tú serás el elegido –le dijo el hombre.
Y los barrotes de su celda comenzaron a temblar. El desconocido no hizo ningún movimiento, se dedicaba a mirar fijamente a Pete, pero “el rompehuesos” sabía que, de alguna forma lo estaba haciendo él.
Los barrotes cedieron finalmente y cayeron sobre el frío suelo, destrozados.
-Sígueme –le ordenó el hombre. –Tenemos algo que hacer.
Pete dudó un momento. No se fiaba de ese hombre pero, por otro lado, con esos poderes, podría fulminarle solo con la mirada. Por eso decidió obedecerle. Ahora que había salido de la cárcel no iba a estropearlo muriendo.
Cuando salieron por el hueco de la puerta destrozada Pete se encontró ocn una imagen dantesca. El suelo estaba cubierto de cuerpos inertes. Todos ellos policías. Todos los reclusos habían escapado de sus celdas y estaban creando el caos en la prisión. Pete sonrió, deseando unirse a ellos y asesinar a las personas que le habían encerrado allí.
El desconocido se deslizó levitando tranquilamente entre la vorágine hasta salir al exterior. Pete lo siguió.
Una vez fuera, “el rompehuesos” observó atónito como el hombre se elevaba en el cielo hasta una altura de, al menos, ocho metros. Y entonces empezó a hablar.
-Bienvenidos al Nuevo Mundo –dijo.
No parecía estar gritando, pero aún así todos podían escucharlo claramente. Los reclusos dejaron de golpear a los maltratados policías, sobresaltados por la voz. Los pocos funcionarios que quedaban en pie corrieron a ocultarse en algún lugar para salvar su vida. Pero tampoco perdieron detalle de lo que el hombre volador les iba a decir.
-Me llamo Ryan Jones –prosiguió el hombre. –Soy el primero de una nueva raza. Un paso más en la evolución del hombre. Todos vosotros –dijo extendiendo una mano para abarcar a todos los reclusos que se reunían varios metros más abajo, alrededor de él –seréis mis sirvientes. Mi ejercito. Hemos de librarnos de la raza anterior, pobres seres atrasados. Son un virus. Un virus que está destruyendo nuestro planeta.
Pete enarcó un ceja preguntándose adonde quería ir a parar ese tal Ryan Jones.
-Debemos aniquilarlos –decía Jones. –Destruirlos, aplastarlos. Debemos curar al mundo de su enfermedad. ¡Y yo soy la cura!
Todos los reclusos que había debajo de él rompieron en gritos y vitores mientras alzaban sus manos en dirección a su salvador. Pete alzó la mirada para observar a Ryan Jones. El hombre que le había dado la libertad. A él y al resto de reclusos. Ellos eran su ejercito, y les había pedido que destruyeran a la humanidad. Todos los que estaban allí estarían encantados ante la idea de hacer lo que más les gustaba sin encontrar oposición de ningún tipo. Matar.
Se giró bruscamente cuando notó la presencia de alguien tras él. Ryan Jones le observó sonriendo. Tendría unos cuarenta años, pelo largo y algo canoso. Y una presencia imponente. Pete sintió que toda su seguridad y confianza en sí mismo desaparecía ante la presencia de ese hombre.
-Tu vendrás conmigo –le ordenó Jones. –Tengo un papel especial para ti.
Pete asintió con la cabeza sin saber qué decir ni a qué se refería el hombre, pero le siguió cuando el hombre le guió hasta el centro de la ciudad.
Conforme se acercaba a la ciudad se hacían visibles más columnas de humo. Tom aceleró su velocidad de vuelo. ¿Qué estaba pasando? Mientras más cerca estaba más escuchaba el sonido de las sirenas de los coches de policía y de los bomberos. Tenía que acudir a la ciudad cuanto antes.
Había hecho el viaje muy lentamente, pensando en todo lo que le había dicho Frankie. Caos no había sido más que el principio de un mal mayor y ese mal debía estar libre ya por la ciudad. Y Tom intuía que era el responsable del caos que reinaba en la ciudad.
Pensó en la pequeña porción de Caos que corría por sus venas. Ahora que sabía por qué tenía esos poderes, por qué su mano se volvía negra, creía que se sentiría alegre de conocer el origen de sus poderes, pero no era así. No de esa manera. Había descubierto que su padre y Frankie habían experimentado con él, como un vulgar conejillo de indias. Y eso le dolía. Habían arriesgado su vida.
Sacudió la cabeza y apartó aquellos pensamientos de su mente cuando llegó a la ciudad. La observó con los ojos abiertos de par en par sin creer lo que estaba viendo. Cientos de personas corrían de un lado a otro agrediendo a otras personas.
Estudió las calles de Raven City y comprobó que los agresores iban vestido de naranja. Soltó una maldición comprendiendo que eran reclusos de la cárcel de máxima seguridad de la ciudad.
Tom siguió con la mirada a uno de ellos. Corría directamente hacia una mujer que huía desesperada empujando un carrito de bebe. Sin pensarlo dos veces voló hacia él. Cuando el recluso estaba a punto de coger a la mujer, el muchacho lo agarró del cuello de la camisa y lo lanzó en el aire hasta estrellarlo contra un edificio cercano. Un momento después una explosión resonó en los timpanos de todos. Cuando alzó la vista vio un coche envuelto en llamas que volaba por el aire directo a un grupo de personas que se habían refugiado detrás de otro coche. Tom voló hacia allí y logró detener la caida del automóvil con su telequinesis a escasos centímetros de las victimas. Después lo lanzó para estrellarlo sobre un grupo de reclusos que acosaban a otros dos ciudadanos.
De un salto se elevó en el aire. Tenía que ir a casa de Jenny. Debía protegerla. Atravesó la ciudad a toda velocidad. Por el camino, aún tubo que proteger a varias personas y acabar con unos cuantos presidiarios. Cuando llegó ni siquiera se molestó en subir a la azotea. De todos modos, la ciudad estaba sumida en el más absoluto de los caos y dudaba que alguien se fijara en él. Además no tenía tiempo. Así que entro por la ventana.
-Jenny –la llamó, pero solo le respondió el silencio.
En la casa reinaba la calma y la oscuridad la invadía entera, pues ya se estaba haciendo de noche y las luces seguían sin funcionar. Tom sintió una extraña tranquilidad al pasar del caos de la calle al silencio de la casa, pero se obligó a reponerse. Paseó la mirada, cada vez más preocupado por el salón.
-Jenny –repitió, esta vez un poco más alto. -¿Estas ahí?
Pero Jenny no respondió. Tom caminó rapidamente hasta la habitación de la muchacha. La misma en la que él había despertado esa mañana. La chica no estaba allí. Ya estaba a punto de salir volando por la ventana para buscarla por toda la ciudad cuando algo llamó su atención. Había un papel colgado de la pared. Tom se acercó a él con cautela. Por alguna extraña razón no estaba seguro de querer saber qué ponía.
Pero lo leyó. Sus ojos repasaron las lineas, escritas de forma apresurada, varias veces hasta comprender quién podía haber escrito aquello. “Si quieres volver a verla. Ven al Puente Nuevo antes de media noche”, rezaba el papel.
«Jake», pensó Tom. La había secuestrado. Tom maldijo por lo bajo mientras saltaba hacia la ventana y salía volando al exterior en dirección al Puente Nuevo, inmerso de nuevo en la vorágine en la que se había convertido en la ciudad. ¿Por qué demonios había elegido precisamente ese momento para saldar cuentas con él?
Cuando llegó al puente había comenzado a llover. La destrucción provocada por los reclusos aún no había llegado allí y se respiraba un ambiente tranquilo y silencioso. Aunque de vez en cuando se dejaba oír una explosión a lo lejos.
Había descendido bastante antes de llegar al puente y había recorrido el camino que le quedaba a pie. No quería aparecer allí volando y descubrir ante Jake sus poderes. Si es que era él quien le había citado allí.
Justo en el centro del Puente Nuevo distinguió una figura y confirmó que era Jake. Estaba de pie, mirándole fijamente bajo la lluvia… pero estaba solo.
-¿Dónde está? –preguntó Tom secamente cuando estuvo a una distancia prudencial de Jake.
-Es romantico ¿no? –comentó Jake ignorando la pregunta de Tom. –Citarte justamente en el mismo lugar en el que deberías haber muerto.
-¿Dónde está? –insistió Tom.
-En un lugar seguro. Ahora tenemos algo que arreglar tu y yo, Tom. ¿O debería llamarte Quinox?
Tom subió la mirada y frunció el entrecejo, intentando ver los ojos de Jake. ¿Cómo demonios lo había averiguado? ¿Cómo sabía que él era Quinox? Su primer impulso fue negarlo tajantemente pero, inmediatamente, se dio cuenta de que era una tontería.
-Si sabes que soy Quinox –repuso. –No deberías enfrentarte a mi. Puedes salir malparado.
Jake soltó, de repente, una carcajada. Una carcajada cargada de ironía.
-El problema es, Tom –dijo dando un paso al frente, -que por muchos poderes que tengas, por muy alto que seas capaz de volar, yo siempre estaré por delante de ti.
Y tras decir esto, Tom vio con horror y sorpresa como los brazos de Jake se convertían en dos llamas de fuego incandescente. El rostro del muchacho, tetricamente iluminado por el fuego, había adquirido una expresión demencial que a Tom no le gustó nada.
Lanzó dos bolas de fuego con sus brazos llameantes. Tom las esquivó de un salto y se elevó en el aire, lejos de Jake. Lo observó desde lo alto, preguntándose como habría adquirido esos poderes y qué demonios estaba pasando en toda la ciudad. Una bola de fuego más pasó junto a él.
Aún tuvo que esquivar varias bolas más antes de recibir a Jake, que se elevó en el aire a gran velocidad dispuesto a golpearle. Y lo consiguió. Tom no esperaba que el muchacho tambien pudiera volar y lo pilló desprevenido. El puño ardiente de Jake se estrelló con fuerza en la cara de Tom que cayó pesadamente al suelo del Puente Nuevo.
Jake lo observó desde lo alto con aire altivo.
-¿Ves Tom? –gritó, iluminado por la luz vibrante de sus brazos. –No puedes conmigo. Por mucho que te empeñes siempre estaré sobre ti. Has logrado quitarme un tiempo a Jenny, pero eso solo ha sido suerte. A partir de ahora volverá a mi lado… para siempre.
-¿Dónde está? –preguntó Tom levantándose un poco aturdido.
Jake comenzó a descender lentamente. La lluvia empezó a apretar y Tom se dio cuenta de que eso no afectaba a las dos llamas en las que se habían convertido los brazos del muchacho.
-Eso no te importa ya. No volverás a verla –dijo aterrizando justo frente a él. –Nunca más.
Tom no vio venir la patada. Salió despedido varios metros y se estrelló contra una de las vigas del puente. Jake volvió a abalanzarse sobre él, pero esta vez sí estaba preparado y esquivó el golpe. Contraataco golpeándole con el pie.
Jake retrocedió un poco al recibir el golpe pero se recompuso pronto y volvió a atacar. Estuvieron así un rato. Uno golpeaba y el otro esquivaba. La lluvia dio paso a un autentico temporal. Comenzó a soplar un fuerte viento y el cielo se oscureció a causa de las nubes y de que se estaba haciendo de noche.
Las inclemencias del tiempo hacían más difícil luchar y Tom pronto se dio cuenta de que la batalla estaba tan igualada que podrían estar peleando toda la noche hasta morir de agotamiento y, por la expresión de Jake, adivinó que él también pensaba lo mismo.
En un momento en el que estuvieron más lejos el uno del otro, ambos se detuvieron y se observaron, mirándose fijamente a los ojos, estudiándose mutuamente. Giraron en círculos sin dejar de vigilarse, pero ninguno de los dos se atrevía a atacar. Los dos comprendieron que era inútil.
-Esto puede durar una eternidad, Jake –comentó Tom. -¿De donde has sacado estos poderes?
-¿De donde los has sacado tu? –repitió Jake dando a entender que no iba a decírselo. –De todas formas –continuó, relajándose de pronto, -tienes razón en una cosa. Esto puede alargarse demasiado tiempo y no lo tengo. Tengo una chica a la que cuidar. Así que cederé el relevo.
Tom frunció el entrecejo sin saber de que estaba hablando.
-¡Ven! –gritó Jake.
Tom miró a su alrededor intentando ver algo entre la gruesa capa de lluvia que caía del cielo. Pero fue inútil. No veía nada.
Un gruñido familiar llegó de las alturas, seguido de un golpe y de un temblor del puente. Junto a Jake se alzaba la figura oscura de Caos. Tom no se sorprendió. Frankie ya le había dicho que solo podía acabar con él destruyendo el núcleo del virus que fue la criatura hace tiempo. Y ese núcleo se encontraba en su pecho. Fijó la vista, buscándolo y sonrió al verlo. Es cierto, estaba allí. Nunca lo había visto pues cuando Caos y él se habían encontrado siempre había sido peleando y en el fragor de la batalla no se fijó en ello. Pero ahora que sabía qué tenía que buscar y donde, había sido más fácil.
Veía el núcleo en su pecho, como si de un corazón se tratara. Estaba inmóvil. Era como una gota de grasa en el interior de un vaso de agua. Pensó en su mano. En ese momento no le hormigueaba. No lo había hecho en todo el día y no sabía como iba a vencerlo sin ella. Sabía como destruir a Caos, pero volvía a estar igual que al principio, sin poder hacer nada.
-Esta criatura –dijo Jake señalando a Caos con su mano, -acabará contigo en mi lugar. Ella es más fuerte y poderosa que tú. Eso tenlo por seguro.
-A pesar de tus nuevos poderes –replicó Tom –sigues siendo un cobarde. Dejas el trabajo sucio a otros.
Jake sonrió y fulminó con la mirada a Tom.
-Puede que tengas razón –dijo. –Pero yo seguiré vivo con Jenny y tú no.
Después se elevó en el aire y se posó sobre una de las vigas que atravesaban el puente de lado a lado, dispuesto a observar la batalla.
Tom se puso en posición de combate pensando en una manera de salir de aquello. Pero por más que lo hacía no sabía como podía matar a Caos si su mano no se transformaba.
Jenny despertó lentamente. Al principio, cuando abrió los ojos, no vio nada pues estaba oscuro. Pero poco a poco sus ojos fueron acostumbrándose a la oscuridad y distinguió una hilera de mesas. Sobre ellas vio formas que parecían ser probetas y utensilios de laboratorio. Pensó que estaría en el laboratorio abandonado del padre de Tom. Pero no era así. Cerró los ojos, intentado recordar qué había sucedido.
Estaba en casa, preparando una cena especial para cuando volviera Tom. Y entonces, alguien entró por la ventana. Al principio creyó que era Quinox que, de alguna forma, había averiguado donde vivía. Pero el hombre que se erguía frente a la ventana no era el héroe. O al menos eso pensaba Jenny. La muchacha apenas tuvo tiempo de preguntarle a Jake como había hecho aquello. De repente, sintió que las fuerzas la abandonaban y todo se volvió oscuro.
Y después había despertado en aquél lugar. Todo estaba en un silencio sepulcral. Notó que estaba sentada sobre una silla con las manos atadas en la espalda. Gritó pidiendo ayuda, pero suponía que nadie la iba a escuchar. No podía creer que Jake la hubiera hecho aquello. Hasta ahí llegaba su rivalidad con Tom.
Y esos poderes. ¿De donde los había sacado? ¿Era él Quinox? Que ella supiera, Quinox no había manifestado poderes de fuego. Así que, o bien los tenía pero no los usaba o Jake no era Quinox. Recordó haber pensado que conocía la voz del heroe cuando habló con él por primera vez. Tenía la sensación de que le conocía. Quizás sí que fuera él, pensó con un suspiro ¿Cómo no se había dado cuenta?
Pero ahora estaba usando sus poderes para el mal. Todo por su culpa. Ella le había dejado y ahora la había secuestrado. Y no le extrañaría lo más mínimo que tomara represalias contra Tom. “Tom”, pensó, preocupada. Esperaba que se encontrara bien. Estuviera donde estuviera. Si le pasaba algo….
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un sonido. Algo se abrió al fondo de la habitación y un torrente de luz iluminó la estancia cegando momentáneamente a Jenny.
Dos figuras entraron en la habitación. Una de ellas encendió un pequeño flexo a pilas que emitió una leve luz. Jenny no dijo nada. Se había dado cuenta de que ninguno de los dos hombres era Jake y decidió guardar silencio.
-¿Qué vas a hacer conmigo, Jones? –preguntaba uno de los hombres, más corpulento que el otro.
-Ya te lo dije antes, Pete. Tendrás un papel importante en mis planes.
-¿Y eso que significa?
-Lo sabrás a su debido tiempo. Primero debo asegurarme de que ese hombre… -Jones guardó silencio un momento, intentando recordar el nombre, -Quinox, halla muerto.
Jenny no pudo evitar un sonido de sorpresa al oír aquello. Ese hombre planeaba matar a Jake. Los dos hombres la escucharon y se giraron hacia ella. La muchacha los miró fijamente asustada.
-Vaya –exclamó el tal Jones, -me había olvidado de ti. Tu amigo te ha traído aquí mientras arregla unos asuntillos –continuó mientras se acercaba a ella. –Pronto podrás irte.
-¿Quiénes sois? –Jenny se armó de valor para formular esa pregunta.
Jones emitió un bufido que Jenny interpretó como una leve risa.
-Yo soy Ryan Jones –se presentó, -el nuevo gobernador de Raven City. Y dentro de poco, el rey del mundo.
Jenny le miró fijamente a los ojos, sin saber qué decir.
Tom se estrelló contra una de las vigas del Puente. Caos le había golpeado con uno de sus tentáculos. No había logrado golpearle ni una sola vez. Su mano seguía sin transformarse y empezaba a pensar que quizás tuviera que hacer algo para convertirla.
Dio un salto hacia un lado para esquivar un segundo tentáculo que aplastó el suelo haciendo temblar el puente. Jake seguía subido a la viga más alta observando la lucha.
Tom sabía que no podría vencerle mientras no pudiera golpearle así que se dedicó a volar sobre Caos, buscando una manera de transformar su mano. Pero Caos no estaba dispuesto a dejarle huir.
El muchacho no pudo hacer nada cuando uno de sus tentáculos se enrolló en su tobillo y lo volvió a estrellar contra el suelo.
-¿Qué te pasa, Quinox? –se mofaba Jake desde las alturas. -¿No puedes contra él? ¿No eras tan fuerte y poderoso?
Tom recibió otro golpe que lo envió muy lejos. Tenía todo el cuerpo magullado y apenas podía tenerse en pie. Era imposible. No podría derrotar ni a Caos ni a Jake, y mucho menos salvar a Jenny. Se sentía fracasado.
Había gente en Raven City que estaba muriendo y él no era capaz de ayudarlos. Jenny estaba en algún lugar. Posiblemente, asustada y dolorida y no podía ir a rescatarla. Se arrodilló dándose por vencido.
Entre la sangre que cubría su frente y que se arremolinaba frente a sus ojos vio que Caos se acercaba lentamente a él. Observó impotente como sus tentáculos se elevaban sobre la criatura y se dirigían hacia él. Cerró los ojos, esperando sentir el golpe que le mataría y acabaría con las esperanzas de los ciudadanos de Raven City y con su relación con Jenny.
Pero ese golpe nunca llegó. En vez de eso sintió que algo se movía frente a él. Escuchó los tentáculos de Caos golpear algo que había entre la criatura y él. Y luego silencio.
Cuando se atrevió a abrir los ojos, después de un momento, vio una figura oscura de pie, interponiendo su cuerpo entre él y Caos. Era negra, al igual que Caos. Con la misma textura que adquiría su mano cuando se transformaba. Con la diferencia que ocupaba el cuerpo entero. Era igual que Caos, pero tenía otra forma y carecía de tentáculos.
Cuando la figura se giró para mirarle, la textura negra retrocedió en la zona de la cabeza dejando al descubierto una cara que Tom conocía muy bien.
-Te dije que no fuiste un conejillo de indias, Tom –dijo Frankie sonriéndole tristemente.
-Frankie –susurró el muchacho.
-¿Quién demonios es ese? –gritó Jake desde las alturas.
-Ese debe ser Jake ¿no? –preguntó Frankie.
Tom asintió.
-He venido a ayudarte –continuó el hombre. –Debes transformarte para derrotar a Caos.
-¿Pero como hago eso? –preguntó Tom desesperado. Lo he intentado pero no puedo.
-Solo tienes que desearlo. Tienes… -pero no pudo continuar pues Caos volvió a atacar. Frankie saltó a un lado esquivando el tentáculo mientras su cabeza volvía a cubrirse de negro. Tom lo imitó.
Se elevó en el aire observando como Frankie luchaba contra Caos, sin duda, para darle tiempo a que se transformara como él. Intentó concentrarse, desear transformarse, pero algo le golpeó por la espalda.
-¿Pensaba que iba a darte tiempo, Tom? –preguntó Jake deteniendose en el aire bajo la lluvia.
-Jake, tú no quieres hacer esto.
Jake se rió.
-No me des clases de etica, Tom. Se muy bien lo que quiero hacer.
Jake se abalanzó sobre él y Tom esquivó el golpe. Lucharon bajo la lluvia rodando en el aire, golpeándose el uno al otro y esquivando los ataques del contrario. Un poco más abajo, sobre el puente, se libraba otra batalla. Frankie peleaba contra Caos a duras penas. El no era como Tom. No era joven y fuerte. A pesar de sus poderes y de poder controlar el virus en su interior no podría derrotar a la criatura en la que se había convertido el virus que él y el padre de Tom habían creado. Sobre todos por que ya no tenía fuerzas para cambiar su densidad, debido a la edad. Su aspecto de gelatina negra no era más que una fachada. Realmente no le servía de anda.
Había ido a buscar a Tom con la esperanza de ayudarle. No podía dejar que el muchacho creyera realmente que habían experimentado con él. Primero había sido el propio Frankie el conejillo de indias. Habían probado primero con él.
Caos lanzó uno de sus tentáculos contra él y el hombre lo esquivó a duras penas. Echó una rapida mirada al cielo y comprobó que Tom se enfrentaba contra Jake. Tenía que darle tiempo para que se transformara, así que se elevó en el aire para intentar atacar a Jake por la espalda y alejarle de Tom, pero un tentáculo se enrolló en su tobillo y lo acercó rápidamente a Caos que lo golpeó con el puño tirándolo al suelo magullado y dolorido.
FRankie se quedó un instante en el suelo, sin poder moverse. Sus fuerzas la habían abandonado. Vió como Jake golpeaba con brutalidad a Tom. Tambien vio que Caos se acercaba peligrosamente. Lo vio con sus tentáculos serpenteando sobre él, dispuestos a acabar con su vida sin miramientos.
Un torrente de lagrimas surgieron de sus ojos cuando comprendió que iba a morir. Si no lo mataba Caos moriría por los golpes recibidos. Pero no estaba dispuesto a dejar el mundo sin hacer algo por él.
Dejó que Caos se acercara a él, confiado. Observó su cuerpo de gelatina negra y los tentáculos que ya se aproximaban a su propio cuerpo. Hizo retroceder su propia capa oscura hasta dejar libre su rostro.
-¡Ven aquí, desgraciado! –gritó provocando a la criatura.
Caos se abalanzó sobre él dispuesto a matarlo. Un tentáculo se clavó en su hombro. Frankie emitió un chillido de dolor. El otro tentáculo se abalanzó sobre su pierna y la atravesó. El hombre volvió a gritar.
Entonces, Caos alzó un puño y ese fue el momento que Frankie había esperado. Extendió un brazo haciendo un esfuerzo sobrehumano para cambiar la densidad de su mano que atravesó limpiamente el pecho de Caos. Una vez dentro volvió a cambiar la densidad para poder agarrar el núcleo.
Caos lanzó un rugido, mezcla de dolor y rabia, cuando comprobó que Frankie había atacado directamente a su punto debil. El hombre apretó con fuerza el núcleo. La criatura le golpeo con fuerza para sacarselo de debajo pero era inútil. Al cambiar Frankie la mano de densidad en el interior de Caos se había fusionado con él. Ahora estaban tan unidos como un brazo a un hombro.
Finalmente, el núcleo cedió. Frankie usó la poca fuerza que le quedaba y logró destruirlo. Caos gritó de dolor mientras empezaba a derretirse lentamente. Deshaciendose como un helado al sol. Los tentáculos desaparecieron del cuarpo de Frankie que sintió que el dolor remitía. Por fin, Caos desapareció dejando tras de sí, unicamente un pequeño charco parecido al aceite.
La vista de Frankie comenzó a nublarse cuando la dirigió al cielo y vio como Tom descendía a toda velocidad hasta él.
Tom acababa de golpear a Jake en la cara cuando escuchó el primer grito de agonía de Frankie. Jake le había sonreído con maldad, disfrutando del sufrimiento del hombre. Tom intentó acudir en su ayuda pero su enemigo no le dejó. Lucharon implacablemente hasta que Caos lanzó un gruñido. Un gruñido distinto a los otros. Esa vez fue Jake quien se detuvo primero. Tom también lo hizo después y los do sobservaron como Caos iba desapareciendo lentamente sobre el cuerpo Frankie. Jake miraba aterrado y preocupado, Tom sonriendo. Pero su sonrisa se esfumó cuando vio el estado de su amigo. Rápidamente descendió hasta Frankie. Jake no le prestó atención ensimismado como estaba observando el charco en el que se había convertido Caos.
-Frankie –susurró Tom cuando llegó junto a su amigo y lo acunó entre sus brazos.
-Tom –la voz del hombre era apenas inaudible.
-Tranquilo, te vas poner bien –le tranquilizo Tom intentando levantarle.
Frankie rió a duras penas
-No te rias de mi, muchacho. Sabes que eso no es cierto.
-No puedes hacerme esto –musitó el joven, mientras las lagrimas comenzaba a invadir sus ojos. –Aún tengo que vencer a Jones. Y no puedo hacerlo sin ti.
-Sí que puedes. Puedes hacerlo todo. Sólo tienes que desearlo.
Tom sabía que se refería principalmente a la capacidad de transformarse en una criatura como Caos y poder cambiar su densidad. Pero también intuía que el consejo podía extenderse a todos los aspectos de su vida.
-Jones planea hacer algo malo –continuó a duras penas Frankie. –Y tú eres el único que puede detenerle.
Poco a poco su voz se fue haciendo más inaudible.
-Frankie –le llamó Tom intentando aferrarse a la idea de que no moriría. –NO te vayas Frankie.
-Me alegró de haberte conocido –musitó el hombre antes de que sus ojos perdieran el brillo de la vida y se dirigieran al infinito.
Tom abrazó el cuerpo inerte de de Frankie y lloró sobre su hombro. Se sentía culpable. Culpable por no haber podido transformarse y derrotar a Caos el mismo. Así, Frankie seguiría con vida.
Entonces tomó una decisión. Tomó entre sus brazos el cuerpo inmóvil de su maestro y lo levantó. Cuando se giró para dirigirse al borde del puente se encontró con la fría mirada de Jake que se había quedado en el suelo tras él, observándolo. Ninguno de los dos no dijo nada. Pero Jake se hizo a un lado para dejarle pasar.
Lentamente, Tom se acercó a la barandilla y lanzó una última mirada a los ojos sin vida de su amigo. Las lagrimad recorrían su rostro hasta caer sobre el cuerpo de Frankie. Y después lo lanzó al río. Al mismo río del que un mes antes lo había salvado el hombre de una muerte segura. Lo miró caer en el mismo lugar en el que él había caido. Y le dijo adios con la mente. Y le dio las gracias por hacerle crecer.
Lentamente se giró hasta enfrentarse a los ojos de Jake que le observaba fijamente.
-¿Dónde está? –volvió a preguntar Tom, esta vez con menos fuerza.
Jake dirigió la mirada al charco que un rato antes fue Caos y luego le miró a él. Entonces dio un par de pasos al frente acercandose a Tom. Y Tom no supo que decir.
-El secreto está aquí –decía Jones mientras buscaba entre los cajones de un escritorio. –Esto es –sacó un maletín pequeño.
Jenny lo observó a contraluz y comprobó, cuando Jones lo abrió, que tenía el interior acolchado y en su centro, descansando en un hueco que parecía hecho a medida, había una jeringuilla.
-Cuando te inyectes esto –dijo volviendose a Pete, el rompehuesos, -tendrás la habilidad de dar poderes a la gente. Sólo con tu mente.
Jenny frunció el entrecejo. Si estaba en lo cierto el mundo se convertiría en un caos. Si ese tal Pete podía suministrar a la gente poderes como los de Quinox o Jake, era de esperar que lo hiciera con asesinos, ladrones y personas de su misma calaña. No quería imaginar qué sucedería entonces.
-¿Por qué a mi? –preguntó Pete examinando con cautela la jeringuilla.
-Tu eres el peor de todos –contestó Jones mirandole fijamente. –El más loco por decirlo de alguna manera. Necesito a alguien que se haga respetar y se que tu no dudarías en matar a alguien si nos traiciona. Gobernaras bien.
-¿Y por qué no te lo has inyectado tú? –quiso saber Pete sin terminar de fiarse de Jones.
-Mi cuerpo no podría resistir tanto poder. Ya puedo volar, mover cosas con la mente, invocar al fuego y algunos más. Mi cuerpo reventaría se lo doy más.
-Entiendo.
-¿Lo haras? –Jones le acercó el pequeño maletin empujandolo con la mano sobre la mesa.
Por toda respuesta, Pete extendio un brazo y rodeó con sus dedos la jeringuilla. La levantó observando la larga aguja brillar bajo la luz del flexo a pilas. Lentamente, se arremango la manga de la camisa y acercó la jeringuilla a su brazo.
Jenny aguantó la respiración. Se sentía impotente pues sabía que, aunque no estuviera atada a la silla no podría hacer nada por evitar aquello.
Pero Pete no pudo inyectarse nada. En ese mismo momento, la puerta se abrió dejando pasar la tenue luz de la luna. Una figura se enmarcó bajo el marco de la puerta.
-Jones –dijo la voz de Jake. –Ya he terminado.
Pete separó la jeringuilla de su brazo y Jenny dio un suspiro de alivio. Mientras tanto, Jones se acercó a Jake.
-¿Has acabado con él? –preguntó. Jake asintió con la cabeza. -¿Y la criatura?
-Sufrió un contratiempo.
Ryan Jones suspiró.
-Era prescindible. Buen trabajo –le felicitó poniendo sus brazos en los hombros de Jake con gesto condescendiente. –Ahí está tu premio –dijo señalando a Jenny con la cabeza.
Jake no dijo nada. Se deshizo suavemente de los brazos de Jones y se acercó a Jenny.
-¿Cómo estás? –le preguntó.
Ella ignoró su pregunta.
-¿Dónde está Tom?
Jake tambien hizo caso omiso de sus palabras y comenzó a desatarla.
-Nos vamos –le dijo.
-¿A dónde?
-Lejos.
-No, sin Tom.
-Tom no volverá, Jenny –le dijo Jake desesperado. –Está muerto.
-¿Qué? –gritó la muchacha. –Lo has matado, desgraciado. Eres un asesino.
Jenny intentó deshacerse de Jake pero el hombre la agarraba con firmeza y la obligaba a estarse quieta. Finalmente, la chica se dio por vencida y se quedó inmóvil, sollozando, sin poder creer que su novio hubiera muerto a manos de su antiguo amor.
-Si algún día quieres unirte a mi ejército –dijo Jones tras Jake, -no tienes más que decirmelo.
Jake se volvió hacia él.
-Ya he hecho lo que me pediste –le objetó. –No creas que no he disfrutado con ello pero eso era lo único que quería hacer.
Jenny escuchaba la conversación como en un sueño. No creía que estuvieran a hablando de Tom. El muchacho no representaba ninguna amenaza para los planes de Ryan Jones.
-Nos vamos –continuaba Jake mientras cogía en brazos el cuerpo inmóvil de Jenny y se lo cargaba al hombro. –Espero que no volvamos a vernos.
Jones puso una amplia sonrisa y dijo:
-No te preocupes. Tienes mi palabra.
Jenny vio desde el hombro de Jake a Pete. A su lado, sobre la mesa, descansaba la jeringuilla y decidió que vengaría la muerte de Tom. No podía matar a Jones ni a Jake, pero si podía chafarles sus planes.
De repente, pillando a Jake completamente desprevenido, se movió bruscamente hasta caer. Una vez en el suelo y con toda la rapidez que le fue posible se abalanzó sobre Pete y le quitó la jeringuilla. Después salió corriendo de la habitación. Ninguno de los hombres reaccionaron a tiempo pues no habían esperado de ninguna manera que la chica fuera a moverse de aquella manera.
Lo último que Jenny escuchó mientras salía al aire libre fue a Jones gritando:
-Cogedla.
Un momento después, del pequeño edificio en el que Jenny había estado prisionera surgió la imponente sombra de Pete que la seguía corriendo y de Jake que volaba suavemente sobre el aire.
Jenny comprobó mientras corría que se encontraba en la central eléctrica destrozada. Atravesó toda la instalación hasta pasar bajo una valla y correr en dirección de la ciudad, que se hallaba cubierta humo por una razón que la joven desconocía. La jeringuilla estaba fuertemente apretada por su mano.
Cuando llegó a la ciudad se encontró con el caos en que se había convertido. Cientos de personas vestidas como Pete, con el uniforme de reclusos de la carcel de máxima seguridad de Raven City, destrozaban coches y escaparates de tiendas. El suelo estaba cubierto de personas muertas o agonizantes.
Jenny retrocedió un par de pasos asustada. Incluso se giró para huir de allí, pero vio cono horror como por la solitaria carretera que llevaba de vuelta a la central corría, incansable, Pete directamente hacia ella. Se lo pensó mejor y se zambulló de lleno en la vorágine de la ciudad.
Se metio por las calles más estrechas que encontró, perfectas para mantenerse oculta. Además estaba completamente solitarias, por lo que era menos probable que se encontrara con algún asesino. Corrió durante un rato hasta que tuvo que detenerse boqueando de cansancio. Se sentó en el suelo, junto a un cubo de basura que le servía de escondite, y se relajó un momento. Estaba cansada. Los musculos le ardían y apenas podía respirar.
Se acordó de Tom. Las lagrimas afloraron a sus ojos cuando comprendió que nunca volvería a verlo, que nunca volvería a escuchar su voz susurrarle palabras de amor. Y sintió odio. Odio hacia Jake, que había derrotado a Caos salvando la ciudad, pero luego había caído en el mal, asesinando a un inocente por pura envidia. Odió a Ryan Jones, a Pete, el rompehuesos. Y a Tom, por no estar con ella, Por haberse ido para siempre.
Observó la jeringuilla distorsionada a causa de sus lagrimas. Por alguna razón no la había tirado al suelo derramando su contenido, para que nadie pudiera inyectársela. Pero decidió hacerlo ahora. Así no le devolvería la vida a Tom. Pero estropearía los planes de Jones y Jake. Posiblemente ella moriría dentro de poco. Pero lo haría contenta, sabiendo que había hecho lo correcto.
De un rápido movimiento, sin pensarlo dos veces, la lanzó contra la pared. La observó describir una parábola. Pero algo la detuvo. La jeringuilla se quedó flotando en el aire a escasos centímetros de la pared. Un momento después alguien la agarraba por los pelos obligándola a levantarse.
-Ya te tenemos, niñata –dijo la voz de Pete junto a ella. -¿Creías que ibas a escapar tan fácilmente?
Jones apareció frente a ella con la jeringuilla en la mano. Junto a él estaba Jake que la observaba con preocupación.
-Tu amiga no está dando problemas –le echó en cara Jones a Jake. -¿Crees que seguirá así?
-Estoy seguro de que no –dijo Jake sin dejar de mirar a Jenny. -¿Verdad Jenny?
La muchacha no dijo nada. Sólo miró a Jake clavando en él sus ojos cargados de odio. Jones se dio por satisfecho con su silencio.
-Está bien –dijo entonces, tendiéndole la jeringuilla a Pete. –Inyéctatelo ya. Hay mucha gente que precisa de poderes. Es hora de crear un nuevo orden mundial.
El hombretón soltó por fin a Jenny que se quedó inmóvil observando impotente como agarraba la jeringuilla y la dirigía a su brazo que seguía con la manga arremangada.
Pero esta vez, tampoco pudo hacer nada. Una mano agarró su brazo con firmeza y le obligó a retrasarlo.
-Lo siento, Jones –dijo Jake. –No puedo hacerlo.
Después apretó fuertemente la mano de Pete que gritó de dolor, obligándolo a soltar la jeringuilla. Esta calló al suelo con un sonido metálico y se quedo medio sumergida en un charco de agua.
Acto seguido lo golpeó en el estomago enviandolo contra la pared para alejarlo de la jeringuilla.
Jones agarró a Jake por los hombros y le oblilgó a girarse.
-¿Qué estas haciendo, Jake? –le preguntó fulminandole con la mirada.
-No estoy de acuerdo con lo que piensas hacer, Jones –contestó con tranquilidad. –Es tan facil como eso.
Y tras decir esto empujó a Jones mientras su cuerpo se rodeaba de llamas incandescentes.
-Jenny, vete de aquí. Esto va a ser peligroso –dijo antes de atacar a Jones que se elevó en el aire para esquivar el golpe. Jake le siguió.
Jenny les observó un momento, pensando que en aquél momento, después de haber traicionado a Jones y envuelto en llamas, surcando el cielo, Jake parecía más que nunca una estrella fugaz.
Un sonido la obligó a volver en sí. Pete se estaba levantando. A duras penas, sin duda, tremendamente dolorido, pero lo estaba haciendo. Jenny se agachó para coger la jeringuilla.
Su primer impulso fue lanzarlo y destruirlo de una vez por todas. Pero, tras echar un rápido vistazo a la batalla que se desarrollaba en el aire, decidió conservarla. A lo mejor les servía de algo.
Después salió corriendo para ocultarse en algún lugar hasta que terminara la batalla.
Jake no era capaz de encajar los golpes. No podía contra Jones. Había sido él quien le había dado sus poderes con el único objetivo de destruir a Tom, a Quinox, la única persona capaz de plantarle cara y desbaratar sus planes. Era lógico que no le hubiera dado tanto poder como para derrotarle a él mismo.
Le había dado una jeringuilla igual a la qu ele había entregado a Pete. Pero él no dudo en inyectarsela, consumido por la ira y los celos. Encantado ante la perspectiva de matar a Tom. Pero, después de ver la muerte de Caos, después de ver a Tom llorar por la perdida de un amigo, se había dado cuenta de todo. Tom no era malo. El villano era él mismo. Él. Con su odio irracional, con su mentalidad posesiva había hecho sufrir a muchas personas. Entre ellas la que mas amaba en el mundo. Jenny. No había sabido cuidarla y entonces se había enamorado de otra persona. Y era normal. Por eso había decidido traicionar a Jones. Desbaratar su demente plan de conquistar el mundo.
Jones le golpeó en el rostro y Jake se estrelló contra un alto edificio, provocando que cayeran casquetes de ladrillo sobre el suelo, varias decenas de metros más abajo. Vio como Jones se abalanzaba contra él dispuesto a matarle de un golpe pero algo si interpuso entre él y Jake. Un coche golpeó al villano estrellandolo contra otro edificio un poco más bajo.
-Ya estabas tardando –se quejó Jake. -¿Dónde demonios has estado?
Tom Randall, Quinox, descendió para ponerse a la altura del muchacho.
-Tenía que asegurarme de que Jenny estaba a salvo –se disculpó. -¿Estás bien?
-He estado mejor
-¡Tú! –gritó una voz cerca de ellos.
Jones se elevaba lentamente observandolos con odio a ambos.
-Dijiste que le habías matado. –gritó acusando a Jake. – Dijiste que habías cumplido mis ordenes.
- Ehh, sí. Eso fue lo que dije –contestó Jake con indiferencia. –Pero las cosas no siempre son lo que parecen.
-Tu juego termina aquí, Jones –dijo Tom.
-Te pareces mucho a tu padre –susurró Jones, pensativo. –Posiblemente acabes como él.
Y tras decir esto se abalanzó sobre ellos. Tom y Jake se apartaron con velocidad y Jake lanzó una bola de fuego que fue a estrellarse contra Jones. El hombre se vio rodeado de llamas de repente, pero tras dar un par de vueltas en el aire logró disipar el fuego.
-Será mejor que vayas a buscar a Jenny, Jake –dijo Tom sin perder de vista a Jones. –La última vez que la vi estaba a salvo pero el hombretón ese la estaba buscando.
-¿Podrás con él tu solo?
-Debo hacerlo. Ve a por ella, Jake.
Jake se alejó volando pero Tom volvió a llamarlo. Jake se giró.
-Gracias.
El muchacho le sonrió con amabilidad.
-No, Tom, -dijo, -gracias a ti.
Y tras decir esto se alejó volando a toda velocidad hasta perderse en las caóticas calles de Raven City.
Tom dirigió su mirada a Jones. En cierto modo, disfrutaba viendo la expresión de su rostro después de que Jake le hubiera traicionado.
-¿No pensaras que podrás detenerme, verdad? –Jones parecería desesperado aunque, por otro lado, su mirada parecía tranquila.
-Sí –fue la única respuesta de Tom, antes de lanzarse al ataque.
Comenzó mandando su puño directamente al rostro de Jones, pero este lo esquivó de un rápido movimiento. Jones contraatacó con una patada y Tom lo evitó elevándose a más altura aún. Desde allí, Quinox veía el caos que los reclusos habían creado en la ciudad. No sabía como habían llegado los prisioneros a la ciudad, pero intuía que Ryan Jones tenía algo que ver.
Jones volvía al ataque. Tom le observó. Estaba a suficiente distancia. Con toda la velocidad que fue posible extendió sus manos e hizo que varias ventanas de un edificio cercano se separaran de la pared con un crujido. Las lanzó contra Jones que logró esquivar alguna, pero recibió el fuerte golpe de otras, momento que Tom aprovechó para lanzarse contra él.
Le intentó golpear pero su enemigo reaccionó bien y detuvo el golpe. Contraatacó tan rápido que Tom no pudo evitar que el puño cubierto de fuego se estrellara en su rostro. Salió despedido hasta que un edificio le detuvo.
Miró hacia arriba un poco atontado y comprobo que se encontraba junto al Raven Plaza, Un inmenso edificio de quinientos cincuenta y ocho metros de altura que culminaba con una aguja de acero que brillaba bajo la luz de la luna.
Tom maldijo por lo bajo. Jones volvía a la carga. De un rápido movimiento esquivó el golpe. La inercia provocó que Jones clavara su puño en el edificio y se quedara inmóvil, momento que Quinox aprovechó para golpearle en la espalda y hacerle descender varias decenas de metros a gran velocidad.
Con un suspiro, Tom volvió a atacarle, mientras una fina lluvia volvía a invadir los cielos de Raven City.
Jake volaba entre las calles secundarias de Raven City buscando a Jenny. Estaba orgulloso de haber cambiado de idea. Al principio había decidido unirse a Jones en sus planes de conquistar el mundo pero lo pensó mejor después de lo que sucedió en el Puente Nuevo.
Ahora se encontraba buscando a su amada para salvarle la vida y que pudiera rehacer su vida con otro hombre. Sonrió ante la ironía.
Un fugaz movimiento atrajo su atención. Alguien había entrado en un edificio por una puerta trasera. Un momento después otra figura la seguía. Esa ultima figura sí la reconoció. Era Pete, el rompehuesos. Y sólo podía estar siguiendo a una persona. Jenny. Descendió a toda velocidad y se internó en el interior del edificio en pos del hombre.
Tom esquivó el golpe retrasandose un poco. Había desistido de transformarse pues sabía que al morir Caos, al desaparcer su núcleo, su virus había quedado inútil. Así que luchaba a duras penas contra Jones, buscando una manera de matarle.
Pero era demasiado fuerte, tenía demasiados poderes. Podía invocar al fuego, rodeándose de él o lanzándole bolas ardientes. Tenía una velocidad endiablada y por mucho que le golpeara, Tom nunca lograba hacerle daño. Sin embargo, él sólo podía mover cosas con la mente y eso no era suficiente.
Giró alrededor de la parte más alta del Raven Plaza, que se estrechaba hasta terminar en la fantástica aguja que se clavaba en el cielo oscuro y lluvioso. Lo hacía para protegerse de la oleada de bolas de fuego que Jones le lanzaba. Las bolas se estrellaban en la parte opuesta del edificio haciendo que crujiera.
Jones apareció tras el edificio y se abalanzó sobre Tom, el muchacho evitó el golpe y contraatacó golpeándole con todas sus fuerzas. Jones se estrelló contra el edificio y Quinox vio su oportunidad. Podría acorralarle y golpearle hasta la muerte. No sabía si funcionaría pero debía intentarlo. Era la única oportunidad que tenía.
Haciendo acopio de unas fuerzas que no tenía se abalanzó a toda velocidad sobre Jones. Logró golpearle en el estomago y hundirle entre los ladrillos y el acero del edificio. Volvió a pegarle, pero esta vez Jones reaccionó rápido y esquivo el golpe. Con un rápido movimiento se apoyó en el edificio y se impulsó para pasar sobre Tom que quedó entre su enemigo y la pared. El golpe que recibió lo clavó en la pared en el mismo agujero que había hecho él al golpear a Jones.
Jones le agarró del cuello y lo mantuvo inmóvil. Tom intentó zafarse con todas sus fuerza, pero fue inútil. Apenas le quedaban. Llevaba toda la noche peleando. Primero con Jake. Luego con Caos, después con Jake otra vez y, finalmente con Jones. Tenía los músculos entumecidos del esfuerzo y apenas podía controlar sus poderes.
Finalmente se abandonó a su suerte. Dejó el cuerpo lacio, inmóvil No podía luchar más.
-¿Ya te rindes, Tom? –preguntó Jones con una sonrisa de júbilo. –Pensé que tendrías más aguante que tu padre… considerando que tú tienes poderes y él no los tenía, claro.
Tom abrió los ojos de par, comprendiendo lo que Jones le estaba diciendo. Soltó una maldición e intentó golpearle pero no pudo hacerlo.
-Así es, Tom –continuó Jones. –Tu padre no murió de cáncer como siempre habías pensado. Yo maté a tu padre.
Tom resopló de odio. Escuchar aquello de la boca del asesino de su padre le hizo hervir la sangre.
-Te mataré –le amenazó. –Acabaré contigo.
Jones lanzó una sonora carcajada.
-Lo dudo mucho –dijo mientras una bola de fuego aparecía en la palma de su mano a escasos centímetros del estomago de Tom. –Lo dudo mucho.
Impulsó la mano hacia delante para lanzar la bola. Tom, ayudado por la ira y el odio que sentina hacia Jones, logró apartarse en el último momento, haciendo que la bola de fuego pasará de largo y se estrellara directamente en el Raven Plaza que crujió y se tambaleo lentamente. Entonces, se partió.
La inmensa mole de piedra se dobló con la aguja hacia abajo. Tom aprovechó ese momento, en el que Jones estaba distraido, pensando en qué había pasado y le golpeó con fuerzas renovadas. Lo lanzó directamente contra el trozo de edificio que caia hacia el suelo y volvió a por él.
Lucharon girando a gran velocidad alrededor de la aguja, golpeandose mutuamente, mientras caía irremediablemente hacia el suelo.
Y entonces, Tom vió el momento. Rápidamente, calculó la distncia que los separaba del suelo y golpeó a Jones en el estomago. Se puso tras él y lo inmovilizó agarrandole por la espalda. Jones intentó librarse, pero Tom no le dejó. El suelo cada vez estaba más cerca y Tom se dejaba caer junto a la mole de piedra que un momento antes era la punta del Raven Plaza.
Con un brusco movimiento, Quinox se interpuso entre el suelo y la aguja, poniendo a Jones delante de él. Jones maldecía y se revolvía intentando librarse, pero fue inútil. Cuando la aguja estaba a punto de llegar al suelo, Tom soltó a Jones y voló lo más rápido que pudo. La gigantesca aguja se clavó en el estomago de Jones, destrozandole momentos después. Todas las personas que estaban por los alrededores, asesinos e inocentes, corrieron a protegerse de la honda expansiva que provocó que mil toneladas de ladrillo y metal cayeran con gran estruendo sobre el suelo.
Tom escapó a duras penas. Unos cuantos casquetes le golpearon y jugaron con él en el aire. Finalmente, chocó brutalmente contra una pared y cayó al suelo.
Llevaba buscando un rato entre las habitaciones de lo que parecía ser un edificio de oficinas. Jake se alumbraba con una llama de fuego en su mano. Había escuchado un sonido y se había dirigido hacia allí. El ruido le había llegado hasta la azotea. Allí se encontró con algo que no había esperado encontrar.
Jenny estaba subida en el bordillo con la jeringuilla en la mano y Pete a pocos metros de ella acercandose lentamente.
-Si te acercas más la tiraré –amenazaba Jenny.
Jake aprovechó que Pete estaba distraído para golpearle por detrás. El rompehuesos salió despedido varios metros y Jake ayudó a Jenny a bajar del bordillo.
-¿Estás bien? –le preguntó él.
Ella sintió con la cabeza. Iba a darle la jeringuilla pero algo atrajo la atención de los dos. Primero pareció una explosión pero comprobaron que no era así cuando vieron la parte más alta del Raven Plaza desprenderse del edificio. Jake abrió los ojos como platos cuando vio que la imponente aguja se dirigía hacia el suelo a gran velocidad. Le pareció ver dos figuras revolotear alrededor de la aguja.
-Dios mío –musitó Jenny.
Pete se incorporó sobresaltado por el estruendo provocado por el Raven Plaza al derrumbarse. JAke le había golpeado con fuerza, pero no con la suficiente como para dejarle fuera de combate. Se levantó observando la destrucción que se desarrollaba varios cientos de metros más adelante. Comprobó que Jake y la mujer miraban impasibles la caida de la inmensa aguja.
Sonrió. Con un poco de suerte Jones moriría ese día y, entonces, cuando consiguiera inyectarse ek virus que le daría el poder de cambiar el ADN de la gente sería el dueño y señor del mundo pues podría crear un ejercito a su imagen y semenjanza. Si Jones no moría, no pasaba nada. Siempre podría buscar la manera de matarle.
Examinó a los dos muchachos. Estaban inmoviles, observando con los ojos abiertos la nube de tierra que había provocado la caída del Raven Plaza. El suelo había temblado un poco cuando cayó, pero lo realmente destructivo era la honda expansiva. La tierra, los ladrillos y las vigas de acero que volaban a toda velocidad y que podrían matar de un golpe a una persona.
Los dos chicos se lanzaron al suelo, apretandose contra el muro en un intento de protegerse de la nube que se abalanzaba sobre ellos. Pete no lo hizo. Ni siquiera se le pasó por la cabeza ocultarse como un cobarde. Tenía un objetivo y, como siempre que tenía uno, nada le impediría cumplirlo.
Memorizo rapidamente la ubicación exacta de la chica con la jeringuilla antes de que la nube los cubriera por completo. Después, aguantando la respiración para no aspirar tierra fue hacia ella, oculto entre la nube.
Jake se había lanzado contra el muro que hacia las veces de barandilla en la azotea de aquél edificio. La nube de humo que había provocado la caida del Raven Plaza se acercaba a toda velocidad. Tiró de Jenny hacia sí y la tapo la boca con la mano para protegerla. Jake tambien aguantó la respiración.
Esperaba que Tom no se encontrara cerca de la aguja del edificio cuando cayó. Presentía que, por muchos poderes que tuviera no podría sobrevivir a aquello. De repente, algo tiró de Jenny. Jake sintió que su mano se soltaba de la de la chica y que ella se alejaba, obligada por algo.
-¡Jenny! –gritó.
Pero Jenny no contestó. En su lugar solo se escuchaban sonidos de pelea en el silencio que había en el interior de la nube de tierra. Invocó una llama de fuego en la palma de su mano, dispuesto a lanzarla contra el atacante de la muchacha. Pero no veía nada y no podía arriesgarse a darle a ella.
Escuchó golpes y una voz que no era la de Jenny. «Pete», pensó. Los escuchó rodar por el suelo. Jake se sentía totalmente impotente frente a aquella situación. NO podía hacer nada hasta que no pasase la nube de tierra. Lo único que podía hacer era limitarse a escuchar los sonidos de lucha que le llegaban. Finalmente, se escuchó un golpe fuerte, una exclamación que no habría podido decir si era de Jenny o Pete; y luego el silencio.
Jake esperó impaciente a que la nube se disipara y, cuando por fin lo hizo, soltó una exclamación de sorpresa al ver la imagen que se presentó ante él. Sus puños se agarrotaron cuando vio a Pete de pie mirando al suelo con horror. Sus ojos se perdieron en la imagen de Jenny tirada en el suelo. Con la el rostro en un rictus de dolor y la jeringuilla sobresaliendo, implacable, de su estomago.
Cuando, por fin pudo reaccionar, Jake dio un veloz salto y golpeó con todas sus fuerza a Pete que salií despedido hasta despeñarse por el alto edificio en el que estaban.
-Jenny –susurró arrodillándose junto a la chica.
-Jake –Jenny le miró con ojos inexpresivos. –Me alegro de que hayas vuelto.
-Nunca me fui –replicó él agarrándola para apoyarla sobre su regazo.
-Sabía que Quinox no podía ser malo –decía la muchacha sonriendo.
Jake también sonrió. Jenny debía pensar que él era Quinox. Dudó un momento entre decirle la verdad o no, pero decidió callárselo. No sabía si Tom querría que ella lo supiera.
De repente, la muchacha comenzó a temblar violentamente. Su cuerpo aumentó bruscamente de temperatura. Jake intentó agarrarla pero Jenny estaba totalmente fuera de control.
-¿Qué le pasa? –preguntó una voz a su espalda. Jake se giró.
Tom acababa de posarse en la azotea del edificio y se acercaba a ellos con expresión preocupada.
-¿Qué le pasa? –repitió con más firmeza tras ver las espasmos de la muchacha.
-No lo se.
Tom lo vio todo claro al percatarse de la jeringuilla clavada en el estomago de la muchacha. Lanzando una exclamación sacó la aguja de la suave piel de Jenny.
-Se ha inyectado el virus –dijo sin dejar de observar a ala chica. –Su cuerpo es demasiado débil. No puede controlar el poder.
Como si sus palabras lo hubieran invocado, los brazos de Jake se convirtieron en dos antorcha contra su voluntad. Jake soltó una exclamación y se miró las manos mientras el fuego invadía el resto de su cuerpo. Por suerte, no sentía dolor ninguno.
-¿Qué está pasando?
Tom levantó a Jenny en brazos sin mirar a Jake. Sabía que el hombre no corría peligro.
-Jenny está cambiando tu ADN inconscientemente –contestó. –Esta fuera de control.
Jake, haciendo caso omiso del fuego que cubría su cuerpo se asomo por la barandilla de cemento de la azotea, al escuchar gritos desde la calle.
-Ahí abajo también está cambiándolo –informó al ver que, muchos metros más abajo, la gente empezaba a experimentar cambios en su cuerpo. Algunos se hacían invisibles, otros estallaban en llamas como Jake. El hombre vio incluso a un muchacho que se convertía de repente en un hombre de acero. –Tenemos que hacer algo.
Tom ya se había puesto manos a la obra. Colocó a Jenny que temblaba violentamente, apoyada en el muro y se puso frente a ella.
-Jenny –la llamó. –Cariño, mírame.
La muchacha abrió los ojos como en un sueño sin poder controlar sus espasmos.
-Tienes que concentrarte –le dijo Tom. –Tienes que desear parar.
-¿Qué me está pasando? –preguntó la muchacha, tartamudeando.
-Cierra los ojos –la ordenó el joven ignorando su pregunta.
Jenny obedeció.
-Relájate.
-Tiene que darse prisa –aconsejó Jake cuando vio que los reclusos que atacaban la ciudad también estaban dando señales de poderes. –Ahí abajo se está intensificando el caos.
-Venga, Jenny –urgió Tom. –Concéntrate.
La mujer apretó los ojos, intentando concentrarse a pesar de los espasmos que invadían su delicado cuerpo. Mientras, en la ciudad, muchas personas estaban sufriendo cambios en su ADN. Algunas los recibían con terror; otros, aún sin comprender por qué les sucedía aquello, se alegraban.
El cuerpo de Tom también estaba sufriendo cambios. La capa negra que le cubría la mano cuando Caos estaba vivo volvió a aparecer, pero esta vez cubría su cuerpo entero, como Frankie. Sin duda, potenciado por el poder descontrolado de Jenny, el virus de Caos que habitaba en su interior se había reactivado. Quizás con más fuerza de antes.
Jenny seguía con los ojos fuertemente cerrados. Tom le cubrio las manos con las suyas.
-Vamos, cariño –la animaba. –Puedes hacerlo.
Detrás de ellos, Jake era presa de incendios intermitentes. Tan pronto se le incendiaba la cabeza como se le quitaba el fuego y pasaba a ocupar otras partes de su cuerpo. No le dolía pero era terriblemente incomodo.
Finalmente, todo cesó. La expresión dolorida de Jenny se suavizó. Los cambios en Tom y Jake pararon desapareciendo por completo. En las calles de Raven City, se hizo el silencio solo interrumpido por el llanto de un niño o el gemido de alguna mujer.
Jake echó una mirada sobre el muro. Todo había acabado. Había personas tiradas en las calles, otras se levantaban a duras penas. Pero los poderes no se habían ido. Aquí y allá, alguien experimentaba con ellos, intentando comprender que había pasado.
-¿Cómo está? –preguntó arrodillándose junto a Tom y Jenny.
Tom observó la dulce expresión de Jenny que yacía con los ojos cerrados, relajada por fin.
-Ha conseguido controlarlo por ahora -contestó Tom. –Pero deberá aprender a hacerlo siempre.
Jake se levantó y se acercó a la jeringuilla que descansaba sobre el frío suelo de piedra.
-Todo es culpa mía –dijo pisando la jeringuilla y haciéndola trizas. –Si yo no la hubiera secuestrado no habría pasado todo esto.
Tom se levantó dejando a Jenny descansar y puso una mano en el hombro de Jake.
-No te atormentes –le dijo. –Al final lograste enmendar tu error. Si no hubiera sido por ti, quizás todo hubiera sido peor.
-Te subestimé, Tom. Lo siento.
Tom le miró directamente a los ojos, comprendiendo que estaba realmente arrepentido.
-No pienses ahora en eso –le tranquilizó. –Ahora tenemos que cuidar de ella –dijo volviendo la mirada al cuerpo inmóvil de Jenny.
Jake asintió. Tom, sin añadir una sola palabra más se acercó a la muchacha, que dormitaba relajada por fin y la cogió en brazos. Después se elevó en el aire, seguido de Jake y llevaron a la chica hasta su casa.
Dos días después, Tom observaba la ciudad desde lo que quedaba del Raven Plaza que, aún después de haber perdido su parte más alta, seguía siendo el edificio más alto de la ciudad.
Poco a poco, Raven City había vuelto a la normalidad. Gran parte de los reclusos que Ryan Jones había liberado de la cárcel habían sido arrestados de nuevo. El resto habían huido fuera de la ciudad, asustados por los cambios en su cuerpo después de que Jenny los transformara.
Ningún ciudadano había dicho nada acerca de sus poderes. Tom sabía que no todos habían visto modificado su ADN. Por suerte, Jenny había recuperado el control pronto y no había tenido tiempo de transformarlos a todos. Aún así, el muchacho estaba convencido de que gran parte de los habitantes de la ciudad se encontraban en aquellos momentos en su casa averiguando qué podían hacer.
Algunos usarían sus poderes para el bien, ayudando a gente indefensa; otros no harían nada, limitándose a ignorar su habilidad y seguir sus vidas con normalidad. El resto intentaría usarlos para su propio beneficio. Para controlar a estos estaba él.
Tom observó su cuerpo cubierto de negro. Jenny había reactivado el virus de Caos en su interior y ahora podía transformar su cuerpo, aunque la reactivación no había dado para controlar su densidad. La transformación por sí misma no le valía de mucho, pero Tom sonrió al pensar que era una buena alternativa a un incomodo traje de malla.
Quinox echó un ultimo vistazo a la ciudad. La cuna de una nueva raza de hombres y mujeres. El inicio de una nueva era en la historia de la humanidad. Un mundo con gente con superpoderes. Muchos de ellos tendrán hijos, y esos hijos tenían grandes posibilidades de heredar los poderes de sus padres. Así, poco a poco, se irían extendiendo y, tal vez, muchos años después sería la única raza existente. Tom no sabía si eso, realmente, sería así y, la verdad es que tampoco le importaba. Al menos no en ese momento.
Como una exhalación, Quinox sobrevoló la ciudad que estaba destinado a proteger, quizás el resto de su vida. Voló entre las calles, dejándose ver sin ningún problema, pues transformado, nadie podría reconocerlo. Algunas personas alzaron la mirada y le señalaron. Otros le insultaron. Pero la mayoría no dijo nada. La ciudad, poco a poco, se iba acostumbrando a ver a un individuo completamente negro atravesar como un rayo la ciudad de Raven City. Una ciudad que precisaba un héroe. Una ciudad que aún tardaría mucho en morir.
Jenny abrió los ojos lentamente cuando una mano acaricio suavemente su mejilla. Tom estaba junto a ella, sentado en la cama en la que estaba descansando.
-¿Se ha ido? –preguntó él en voz baja.
Ella asintió con la cabeza.
-Hace un rato –susurró Jenny apenada.
Jake había decidido irse de la ciudad. No podía evitar pensar que había estado a punto de convertirla en la capital de un nuevo orden mundial de terror y de dolor. Tom había intentado persuadirlo, pero fue inútil. Al final había decidido respetar su decisión. Con la condición de que algún día volviera.
-¿Cómo estas? –Tom se acercó un poco más para hablarle directamente al oído.
-Ahora que mi héroe está aquí, mejor –Jenny rodeo su cuello con sus brazos y le besó dulcemente. -¿Está la ciudad a salvo, Quinox?
-Por ahora, parece que sí.
Ella sonrió. El la imitó y esta vez fue él quien la besó a ella.
La ciudad de Raven City permaneció en paz aquella noche. Y la noche siguiente también. Aún pasaría un tiempo antes de que la gente aprendiera a usar sus poderes y Quinox tuviera que dedicarse a proteger a los ciudadanos de las personas que los usarían para su propio beneficio.
Tal vez, algún día los poderes desaparecían, tal vez se quedaran igual; o a lo mejor crecían. Eso nadie lo sabía, pero mientras sucedía una cosa u otra, Quinox estaría allí, rompiendo el aire y velando por la seguridad de sus vecinos.
FIN
Publicado en www.tierrasdeacero.com en formato Cuaderno Tierras de Acero en abril de 2008



